Afuera, la lluvia no daba tregua, mientras nosotr@s compartíamos una agradable tertulia, aquellas con manteles con flores y un vinito en caja, de esos que venden en las botillerías que siempre se encuentran a la vuelta de la esquina.
Mientras avanzaba la noche, el vino aflojaba nuestras bocas cada vez más. Las alusiones a chistes sexuales soltaban las más estrondosas carcajadas que habíamos escuchado en bastante tiempo.
En un ataque de sinceridad, te confesé que me sentía orgulloso de ser sudamericano (de esos morenos y bajitos),en cosa de instantes tu rostro cambio, una fría mirada de desconfianza se apodero de aquella que me ofrecía la mas sofocada amistad, tu frente empezó a transpirar, de inmediato escondiste el dinero (aquellos papelitos de colores que cambias por cosas), guardaste las joyas (esas que niñ@s african@s extraen de oscuras minas), y me pediste que te acompañara a la salida.
Mientras avanzaba la noche, el vino aflojaba nuestras bocas cada vez más. Las alusiones a chistes sexuales soltaban las más estrondosas carcajadas que habíamos escuchado en bastante tiempo.
En un ataque de sinceridad, te confesé que me sentía orgulloso de ser sudamericano (de esos morenos y bajitos),en cosa de instantes tu rostro cambio, una fría mirada de desconfianza se apodero de aquella que me ofrecía la mas sofocada amistad, tu frente empezó a transpirar, de inmediato escondiste el dinero (aquellos papelitos de colores que cambias por cosas), guardaste las joyas (esas que niñ@s african@s extraen de oscuras minas), y me pediste que te acompañara a la salida.
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