Soñamos con incendiar
las aguas de una pecera.
Para que en las cenizas
aun ardientes alojar una semilla.
Que crezca con fuerza,
que sus raíces destrocen aquella cárcel de cristal.
Que los pedazos afilados de cristal
surquen los aires,
apuñalando al cielo.
Y con nuestros propios sueños
rellenemos aquellas heridas celestiales.
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