Desgarra la tenue piel que envuelve tu caliente carne,
Libera tu hermosa esencia salvaje,
Desencadena al animal que es prisionero de la sociedad,
Acorrala en el último lugar de tu corazón,
Al humano que te enseño a caminar y a dominar,
Para darle muerte.
Gritemos por el momento en que el licaon probó la sangre,
Del cuello destrozado
Que la temida bestia desate su entelequia,
Delirio que asesino al amo,
Rechazo a dios,
Y negó la sangre del padre y la madre.
Que el ser que rechazo al árbol milenario,
E hizo de las ciudades una ideología,
Vea el último resplandor de su paranoica vida,
Donde su cuerpo haga el amor con la muerte
Y entre en comunión con la naturaleza,
Entre los insectos que quiso exterminar
Y la descomposición que quiso burlar.
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