lunes, 25 de julio de 2011

Buen ciudadano





En el sillón, el padre orgulloso mostraba su pecho hinchado, que manifestaba la dicha de ver a su hijo crecer bajo su cobijo. Cumplía su misión de forma honorífica, el niño será un buen ciudadano.

Al interior de la cocina, la madre, apresurada e histérica, a raíz de un atraso que acechaba su mente, en cambio el niño interrogaba a sus progenitores, acerca de cuanto tiempo mas debería aguardar para la llegada de medianoche.

Al cabo de un rato (que en instantes se volvía insoportable) la familia logro sentarse a cenar (por supuesto el padre a la cabecera), un gran pavo era el invitado especial, de aquella calida noche de diciembre. El pequeño en silencio escuchaba a sus padres, siempre en callado (hablar en la mesa seria una señal de falta de respeto, además de dar como resultado una fuerte bofetada).

De improviso una sonrisa asalta el rostro del chico. El reloj anunciaba la media noche, esta señal hablando el corazón del padre, quien con una mirada permitió que el niño abandonara la mesa.

Entre sonrisas cómplices, el chico desgarraba las vestiduras de los regalos, a los pies de un pino plásticos, y un sequito de estructuras de yeso. Ninguno de los presentes llamaba su atención, hasta el momento que el regalo del progenitor toco sus menudas manos, nuevamente las sonrisas cómplices aparecían en escenas.

Otra vez el papel no ofreció la mínima resistencia posible, una pequeña casita café aparecía en escena dentro de una habitación, donde los padres algo incómodos se sometían a la voluntad del pequeño.

Al abrir la cajita, una sonrisa se dibujo en el rostro del padre. Los ojos del pequeño saltaban de alegría, un revolver de plástico se posaba en sus manos.

Hizo el guiño de cerrar un ojo, apunto y simulo un certero disparo.

El padre suspiro tranquilo será un buen ciudadano.

En primera persona





Nuevamente me veo aquí, un cuarto, un puñal el, odio y en frente de mi alguien a quien mi delirio me aconseja descuartizar.

Yo no quería esto. En verdad no lo quería. Hoy es la consecuencia del tiempo ignorado, de los gritos que se ocultaron tras los estruendos del televisor, de las sombras que la luz del espectáculo supo desviar (pero que hizo mas fuerte).

(…)

Se que no esta cómodo, Sus ojos me han intentado invitar a desatarlo, pero mi odio, me seduce a una pieza de baile cargada de frenesí que no puedo negar. Se que sus muñecas atadas le provocan dolor, muestra de esto es el hilo de sangre que desciende a través de sus manos, hasta terminar en un tenue pero continuo goteo de sangre, cuyo charco se asimila a la forma de una frutilla.

Atado a la silla no se puede mover, solo sus ojos me guiñan, la tela en su boca le impide invocar ayuda o rebajar su orgullo para pedir clemencia.

(…)

Fumo un cigarrillo que lentamente me mata. La muerte. Una vez mas ella y yo en un mismo cuarto, compartiendo las mismas cuatro paredes, nuevamente cómplices en una escena teatral que de seguro Dios y la sociedad acusaran de barbarie.

Termino el cigarrillo que aun arde, miro hacia el techo que me brinda la imagen de una ampolleta, y unas telarañas, mientras que apago el cilindro cancerigeno en mi piel. El olor a carne quemada. Marcado como un vaca, como a mercancía, sabiendo que la muerte esta cerca. Sabiendo que la suerte esta echada. Hoy no moriré, no ser victima, hoy seré victimario. Hoy no moriré.

(…)

Su boca seca y sus pantalones mojados. Cada vez que el acero del puñal destella, de sus ojos brota una lágrima. Le quito la venda suavemente, y me percato que sus dientes tiemblan. Hoy es un cobarde, ya no se viste como un gallo de pelea, toda su arrogancia quedo en el traje de fiscal, que quedo perfectamente planchado sobre su cama.

(…)

-¿Por qué? Susurro con su voz seca.

-¿Por qué? Acaso queda alguna duda de las amarras de tus muñecas.

Le dije con cara de extrañado.

Enciendo otro cigarrillo, la primera bocanada del humo quise compartirla, pero no quería compartir el cigarro… No transaremos saliva... Por lo que solo vomite el humo sobre su pálido rostro.

Fumo y prosigo con nuestra tensionada conversación.

-Estas aquí porque me condenaste ya hace mucho tiempo atrás, de seguro no me reconoces para ti es cotidiano destrozar las vidas de otros. Tu el fiscal, yo el acusado, una simple verborrea me hizo perder diez años de mi vida.

Entre mocos y lágrimas, solo me dijo:
-perdón, perdón, solo hacia mi trabajo, ¿lo entiendes?

-Tu trabajo es el brazo vengativo de la sociedad.

Una pausa para tragar mi saliva con nicotina y sigo hablando.

- Las personas hoy son cobardes, dejan en manos de instituciones impuestas sus decisiones. Olvidaron que son animales, con instintos. La venganza de las personas se institucionalizo en templos que se apoyan en la dominación y en libros… leyes las llaman.

Una bocanada del cigarro enciende mi garganta. Ya su rostro pide clemencia, se entrega hacia la resignación ¿como alguien se resigna a la muerte? Sus dientes siguen temblando.

-pero hoy no quiero que mi odio y mi sed de venganza se institucionalicen en un ritual de tribunal. Es mas quiero ver arder todos los tribunales. No quiero que la violencia que pueda desatar se concentre en un policía. Hoy mis manos serán libres para hacer fluir mis instintos.

Me interrumpe entre lágrimas.

-por favor, tengo una familia… te puedo pagar, el dinero no es un problema para mi.

Mi puño choca con su cara, cortando esas palabras que me repugnaban. Ahora su bípeda lengua se ahoga en sangre.

-Me das asco. Le digo.-No todo es por dinero, la vida no se puede traducir en pedazos de metal, tarjetas plásticas o papeles de colores. Tu buen ciudadano ya has sido moldeado, no hay nada que hacer…

(…)

Cojo el puñal, mientras las venas de su cuello me invitan a abrirlas…

El destello del frío metal, es la sonrisa de la muerte…

(…)

Su garganta esta abierta, la sangre se desborda como un río en invierno tras las lluvias, la sangre llena de fuerza, llena de vida mientras que la muerte, ya se desvanece.

Su blanca camisa se tiñe del mismo color de la sangre que se derrama en el ovalo de la penitenciaria.

Es igual que otros que encerró.

Hoy mi venganza no es fruto de la acción de un tribunal, la abrazo. Con el puñal ensangrentado, en la otra un cigarrillo que se desvanece, que nuevamente se apaga en mi piel, mientras que el olor a piel quemada, se mezcla con el de la sangre y un cuerpo que poco a poco comienza a pudrirse.




Ojos ciegos (o algo así como un dialogo con la desesperanza)

Sarcófagos fríos gigantes adornan el paisaje
Los cadáveres en su interior
No albergan más que pálidas mentiras que juegan en
un carrusel de caballos decapitados.

El sol se ha apagado en luto por la muerte de dios
muertxs creyendo estar vivxs,
Corren hacia los últimos vestigios de oro regado con la sangre
de los hijxs abortadxs de la libertad

Los brazos mutilados apuntan hacia la tierra
las aves no canta solo gritan
Gritan para que sus alas sean devueltas
alas que mantienen el girar de engranajes
Que cosen ojos, bocas y oídos.
Mientas que en un rincón de una habitación violan a la esperanza

Impíos a la puerta

En un principio éramos nómadas, salvajes, indomit@s, cargábamos con lanzas y arcos, nos entregábamos al placer de la libertad.
Un día una extraña figura, que se hizo llamar dios, se transformo en nuestro pastor..
l@s indomables pasamos hacer nada más que ganado el látigo del temor era el designio celestial.

Con el pasar del tiempo nos transformamos en prisioneros y nobles, frente a ti no éramos nada, tu eras el rey, las palabras que emanaban de tu boca se transcribían a sacros libros, a cuales debíamos obediencia, nuestras cadenas no eran las tuyas, tu no llevas cadenas, llevas coronas.

Hoy ya no llevas corona, ni bastón para acarrearnos, hoy llevas un libro de apuntes donde anotas las cuentas pendientes, hoy no estos castillos ni en los campos, hoy estas escondido, aterrado. Nos das asco. Te cortamos la lengua. Nos bañamos en la sangre que brota de tu boca. Escondido como un niñ@ a la espera de tu muerte. Tac tac es el sonido. Los impíos tocan a tu puerta.

La tecnocracia mental

La memoria revienta a cada instante,
La incertidumbre de no saber quienes somos
¿Qué hacemos aquí?
¿Por qué respirar?
¿Por qué no ahogarnos?

¿Porque miramos nuestras manos y lloramos?
¿Por qué los golpes ya no duelen?
¿Por qué seguimos prefiriendo las pastillas que los abrazos?
¿Por qué nos asfixiamos con las corbatas?

Nos asesinaron. Antes de nacer abortaron nuestra vida.
Nos implantaron un código de barra
Solo somos mercancías, nos rezan,
mercancía sucia reemplazable, sucia, obsoleta.

Gritamos, reímos, lloramos Y no nos escuchan
Ya ni siquiera nosotros nos escuchamos.
Estamos demasiado ocupados planeando nuestro futuro.
Planificando el horario en que tenemos sexo.
Demasiados ocupados escuchando los pasos del reloj.
Preocupándonos por el tiempo que perdemos camino al trabajo,
En vez de las ocasiones que perdemos para robar besos.

Brick by brick a lo quiltro.

Te comiste mi corazón
bocanada a bocanada
Lo devoraste
masticaste
Lo escupiste en mi cara
¿y yo?
Solo rogaba para Que aquel momento no acabara


ABC 1

Una cabellera oxigenada no era más de lo que pedías,
un auto que tuviera como accesorio
a un chofer de nombre Jaime.
Hijos triunfadores para mostrárselos a tus amigas,
Como tu mayor orgullo,
La producción como orgullo,
Porque la vida se trata de Aparentar.

De un baile de mascaras,
De identidades encontradas en los comerciales.

Una nana peruana sumisa que callara a tus gritos.
 Un espíritu inquisidor que agarrara a patas` a tu ego maltratado.
 Una gran muralla que te separe de la barbarie.
Unas cuantas cremas que rechazaran al paso
Del tiempo que trataba de estrangularte,

Y hoy sentada en tu sillón europeo,
En tu palacio urbano,
¿Ves algo que te agrade?
O no ves más que una muñeca plásticas,
de esas con que juegan tus hijos

Violarte


Mi más puro deseo es violarte,
Penetrar tu cuerpo por asalto.
Mi cuerpo, mi alma,
Arrebatarte el orgullo
Y escupirte a la cara.

Destrozar tus pezones con mis colmillos,
Solo para reír en mi frenética huida.

Que lloren sobre tu vagina destrozada,
Los héroes,
Las inmaculadas,
Los cínicos,
Las putas y los ciegos.

Que juren venganza en vano,
Porque el miedo les comió las manos.

Que llores sobre la sangre,
Que sus sicarios regaron,
Solo para bendecir las líneas invisibles,

Fronteras,
Mi más puro deseo es violarlas.



El mundo se derrumba a pedazos,
¿Y tu no eres participe de este carnaval?
Hoy es el momento del debacle de la historia,
Ahora es el instante para desatar la Folie a Trois,
El delirio no esta cautivo en las cabezas,
Hoy se expande arrasando con las metrópolis,
Como la peste negra,
Susurrando los cánticos de guerra
De los aborígenes masacrados.

Nosotros edificamos al mundo,
Construimos las cárceles que nos encerraron,
Las iglesias que nos engañaron,
Los cuarteles que nos torturaron,
Los hospitales que nos enfermaron con la gripe
De la negación de la vida,
Nosotros llevamos la luz al mundo,
Y con aquel fuego llevaremos al mundo a cenizas.

Arrancar el corazón al Leviatán del orden
Devorarlo sin mediadores ni miedos.

Un hermano más dentro de la jauría

No vivía entre ellos, pese a sus diferencias (esas que consistían en el pelo del cuerpo, lo fuerte de los colmillos, y el largo de sus garras) era un hermano más dentro de la jauría. Innumerables veces habían aullado a la luna, pese a los golpes que sádicamente le ofrecía a menudo la vida, aún conservaban esa exquisita esencia salvaje y pese a todo sonreia.

Además de compartir miradas cómplices, el frió de la noche, y uno que otro pedazo de comida (que por lo demás casi siempre se los entregaba a cambio de una mirada de esas pupilas negras, que en vez de acusarlo, lo acariciaban), también recibían las mismas miradas de desprecios de aquellos que las estrellas no les cuida el sueño, de más esta decir que no compartían los mismos conceptos de aquellas tan manoseadas palabras: moral, dignidad, libertad, hogar…

Si los pudieran haber matado a patadas o palos de seguro lo habrían hecho, más de uno lo intento, sin embargo todos terminaban corriendo como niños frente a ladridos, mordiscos y uno que otro grito barbárico. Solo por una cuestión de suerte no habían muerto envenenados.

El tiempo pasa y muestra de esto, no solo era una piel arrugada además de maltratada, y una cabellera blanca invadida por canas. Ya estas alturas tampoco su paciencia era la misma de hace unos años atrás, a menudo se le escuchaba refunfuñar a toda hora e inclusive durante el sueño, pese a esto los caninos no podían despegarse de su cuerpo(ni tampoco deseaban dormir lejos del calor que les regalaba el cuerpo de su amigo).

El invierno del año 2003, fue uno de los más fríos, de esos en los cuales la escarcha se levanta más temprano que el gallo, y donde abraza al pavimento, la maleza, a los autos…todo queda cubierto por una fina capa de hielo.
Una de esas noches de julio no fue victima de ninguna patada, no recibió ningún insulto, ni siquiera una mirada. Cobijado entre los cuerpos de sus hermanos no pudo burlar al frió. Su cuerpo estaba a punto de sucumbir frente a la muerte, un suspiro que vació sus pulmones añejos y un pequeño pero sincero guiño a un quiltro, fueron sus últimos actos.
Al día siguiente los noticieros mostraban el cuerpo congelado de un hombre, mientras que las autoridades montaban un circo acerca de la responsabilidad de una sociedad.

Para la sociedad entre cartones, una caja de vino, quiltros garrapatientos y una fría acera, había dejado de existir, un indeseable, una escoria, solo un mendigo.

Para los perros que lo acompañaban había muerto un amigo, un hermano. 
La manada se encontraba coja .Esa noche la jauría se reunió para aullar a la luna no por placer, ni instinto solo para saludar a un hermano que había volado hacia la eternidad.

Mi Cadáver Parte III de III




Fundirme con la naturaleza en comunión también es una idea que me agrada. Imagino mi cuerpo sin vida, frió por la ausencia del palpitar del romántico órgano, pero caliente por el incesante y minucioso recorrer de los insectos, imagino mi cadáver entre la hierba del bosque, el musgo lo envuelve lentamente, el roció de la mañana humedece lo que queda de mi cabello. Una mosca inserta sus huevos, que se abrirán como una flor, para repulsar una larva que luego me devoraran. Con la luz de la luna un zorro me arranca una mano para alimentar a sus cachorros que se esconden en una madriguera cercana.

Los días y las lunas custodian mi cambio de estado, para fundirme en comunión entre el litre, la araucaria y un pequeño boldo. Más que un cadáver, mi cuerpo son los nutrientes que le dan vida al bosque.

Mis restos alimentan la vida del bosque desde la silvestre maleza, hasta el cauteloso huemul. El halcón invita a mi espíritu a volar sin reconocer las barreras imaginarias, me susurra que la muerte me libero. Los gatos salvajes me invitan a cazar, me enseñan el arte del sigilo, me enseñan como provocar asfixia a mi presa mientras le pido perdón por tomar su vida. Le guardo las espaldas al zorro para burlar a los cazadores. Escucho el canto del rió que me cuenta las historia de los hijos de la tierra, de cómo resistieron al invasor. Mi cadáver ya no existe, forma parte del bosque, nunca en inercia siempre en una caótica escaramuza.

Mi muerte no me preocupa, es inevitable.
Me preocupa que mi muerte no penetre en el ciclo natural.

Mi Cadáver Parte II de III


Algunos pueblos de la antigüedad despedían a sus hermanos muertos, mediante la quema de sus cuerpos en enormes fogatas. Era una forma en la cual se pretendía que su esencia se reencontrara con sus ancestros y que nunca más volviera a su cuerpo calcinado.

Quiero que mi cuerpo se envuelva en llamas, que mi sangre hierba y se evapore poco a poco, mi cuerpo, mis cicatrices, mis tatuajes reducidos a cenizas. El fuego, siempre presente en momentos donde la revuelta devoraba la calle, como cómplice entre barricadas y capuchas, quiero que me vea arder. Espero que mis cenizas nunca se confinen en una urna, en un frió asco de un precio elevado, no quiero inercia… Quiero que mis cenizas bailen con el polen llevadas por el viento, quiero que descansen en el pelaje del puma clandestino de los disparos de los ganaderos…

Mi Cadáver Parte I de III


Muchas personas se preguntan acerca de la forma en que morirán, las fúnebres ideas revientan en sus cabezas expandiendo imágenes de incendios provocados por familiares, atropellos de conductores ebrios, victima de algún delincuente a punta de puñaladas o balazos (porque en una sociedad enferma todos somos potenciales psicópatas) e inclusive escenas de sexo que terminar con unx de lxs amantes fallecidx.

Sin embargo la idea de la manera en que dejare este mundo (cada vez más repleto de edificios) no me llama la atención.

Lo que me atrae corresponde a lo que le sucederá a mi cuerpo, no es un tema de ego o vanidad, solo es que no quiero que se me “despida” en un ritual cristiano, me enferma visualizar una escena donde un cura invoque la salvación de mi alma (cuestión que no reconozco), no quiero que las personas me recuerden con una siempre buena imagen, no quiero escucha a mis tías exclamar -“Si era tan buen cabro”-, no quiero verme envuelto entre coronas de flores muertas, menos aun entre lagrimas de cocodrilo, tampoco entre pésames fingido para la buena imagen… No lo quiero, no quiero que el espectáculo social convierta mi muerte en un show.

Me provoca asco la idea de mi cuerpo en inercia, de putrefacción en soledad. Niego de la posibilidad de que mi cuerpo termine en una fosa común entre cadáveres de personas que nunca conocí y la cal.

El comienzo de una aventura/ruptura





Tenía 8 años y ya estaba harta, en verdad harta. Su inquieta mente junto a sus manos conspiraban en armonía con esa decisión que solo la niñez nos brinda.
Había comenzado su plan cortando las cabezas de las muñecas que su padre le regalaba con tanto cariño, otras fueran rapadas y algunas con una peor suerte fueron destrozadas por las fauces del perro de la casa.
Estaba harta pese a que solo tenia 8 años había comprendido lo que a otras les demoro años, los que otras al darse cuenta solo ignoraron y lo que una gran cantidad ni siquiera se cuestionaría.
Ella a sus 8 años no quería ser una pieza de estante, un mero adorno, aun menos deseaba convertirse en una ama de casa resignada, menos aun quería unirse a ese rebaño de mujeres independientes que dependen del trabajo para valerse a si mismas, le provocaba asco aquellas mujeres sonrientes de la televisión con muchas curvas pero sin nada que decir.
Simplemente a sus 8 años quería hacer de su vida una aventura, ella no se sometería como su madre y hermanas a aquel ritual que era la depilación solo para satisfacer a otro, ni ella ni sus muñecas se maquillarían (decía “mejor la carita con mugre y ser chusma”). Ella no seria como las demás, como también deseaba que las demás dejaran de ser quienes eran y se sumaran a ser sus compañeras de juegos.
Tomo con un sigilo sin igual el martillo de su padre (la misma herramienta con la que su hermano mayor reventaba a los caracoles que paseaban por el jardín) y encamino sus pequeños pasitos hacia el aparato que le dictaminaba como debía comportarse, el mismo que emitía los comerciales que pretendían dirigir su pequeña existencia hacia maquinas depilatorias, cremas para el cuerpo, muñecas juguete-ama de casa, y todas aquellas cosillas que le provocaban nauseas que se acompañaban con una pequeña dosis de rabia.
Estaba harta a sus 8 años de verdad harta.
Un pequeño acto de rebeldía, de reafirmación de su propia naturaleza, una primera acción en contra del patriarcado (aun sin saber lo que aquello significaba), mas que por lecturas y teorías su acción se vio impulsada por instinto y corazón.
Empuño con fuerza el martillo en contra del televisor, los cristales surcaban el aire, reflejando en cada uno su inocente sonrisa, ya no la hostigarían más imágenes que intentaran someterla a un curso establecido.
De seguro papa estará furioso, pero es el costo del pasaje que debe pagar para zarpar en su aventura.

Malditas sean las horas sin desplegar las alas.




Malditas sean las horas en que duermo,
 malditas sean las horas en que dejo de criar a mis cuervos,
malditas sean las horas en que ustedes se emboban
con las mentiras de este mundo,
malditas sean las horas en que los ojos permanecen en sus lugares,
 malditas sean las horas en que duermo,
 malditas sean las horas en que dejo de criar a mis cuervos.

Malditas sean las horas en que mis cuervos no nublan los cielos,
en busca de cazar sus vacíos ojos,
Malditas sean las horas en que no se oyen el aleteó  sobre sus cabezas,
Malditas sean las horas en que la catarsis se encuentra presa.

No crió cuervos para que me saquen los ojos,
los crió para que le arrebaten los ojos al ciudadano.
Los cuervos revolotean libres en mi cabeza.

¿Qué nos paso?

Nos miramos y no nos reconocemos.
¿Somos l@s mism@s de ayer?
Ya no jugamos.
Olvidamos como saltar para alcanzar el cielo.
Ya no cabalgamos en escobas.
No desvainamos espadas de maderas.
Abortamos las ganas de correr sin rumbos.
No tenemos tiempo para trepar árboles.
Hemos “crecido”.
Dejamos la esperanza de imaginar en busca del veneno de producir.

Fonda


No me pidas que zapatee sobre los
Pedazos de los sueños rotos,
Que mis pies van a sangrar y mis ojos llorar.
No me pidas que baile
Agitando un pañuelo blanco
Que no me quiero rendir.

El cliché tricolor
Incrustado en la frente,
Y los cadáveres engullendo cadáveres,
Héroes de una guerra que nunca existió
Dueñxs de una gloria tan falsa
Como la madurez.

Sigan borrachxs con la chicha del olvido,
Sigan zapateando en esa fonda,
que no les pertenece, Ni les pertenecerá,  
que nosotrxs seguiremos traficando
los sueños entrópicos.







Nos observan


Hemos encerrado a un montón de gente dentro de sarcófagos de yeso, sarcófagos fríos y estériles. 
L@s llamamos maniquíes. 
No los observamos, no interactuamos con ellos, solo miramos lo que llevan puesto, aquello miramos, creemos que nada mas merece nuestras atención. 
L@s hemos convertidos en l@s tedios@s sostenedor@s de una mercancía, de un pedazo de materia transable en el mercado. Los hemos condenad@s solo a ser percibidos como meros objetos.
¿Acaso nuestra memoria es tan frágil? ¿Acaso somos tan insensibles? 
Pero ell@s, nos observan, tras aquellos mostradores, llenándose de rencor, esperando el momento de la insurrección el exquisito instante de ajustar cuentas. 
Viviendo en carne propia la indiferencia, esperan el momento de escapar de aquellas cárceles en la que l@s hemos encerrado. Esperan volver a vivir los cotidianos placeres de tocarse, besarse, interactuar, correr, saltar, amar, etc. Esperan volver a vivir. 
¿Y para nosotr@s, que nos espera? Probar el amargo sabor de la indiferencia y el sofocante yeso.

Periferia




Aquí las estrellas de TV No brillan,
El arco iris es en blanco y negro,
Los tunazos son nuestra banda sonora,
Los cortes en los brazos nuestras medallas.

La cruz no da sombra,
El sol incendia las cabezas,
La pasta base nos arropa,
Los sueños inútiles proezas.

Los príncipes azules fueron ahorcados,
Las princesas venden su niñez en las esquinas,
Los reyes trafican la miseria,
Mientras que los bufones se juran daddy yankee.

Los puños besan el suelo,
los estómagos gritan en soledad,
las pálidas sonrisas se apoderan de los rostros,
y las lágrimas se marcan a fuego en la piel.

Las casas lloran por cada lluvia,
las murallas gritan un idioma barbarico,
las tenues luces de los faroles se apagan y prenden,
tal como el patético sentido de nuestras vidas.

Dinosaurios rezentidos




Antes que tu y yo naciéramos, ya existía el mundo (sí, existe una historia tras nosotr@s).
El mundo era dominado por l@s dinosauri@s, enormes lagartijas que ejercían la tiranía a través de la fuerza, ya que la inteligencia no era su primordial don (al igual que los Estados actuales).
Su régimen de terror sobre las criaturas más pequeñas, duró millones de años.
Un día Papá-súper-policía-castigador-del-universo (Dios), cansado de que otros seres estén ocupándole lugar de tirano (lugar suyo por excelencia), decidió lanzar una enorme roca hacia la tierra, que al impactarla causo la muerte de l@s soberan@s.

Los cadáveres de l@s déspotas con el tiempo se fosilizaron, dada su condición de carbono se pasaron a convertir en el oro negro: El petróleo.
Hoy en día, l@s dinosaurios de cierta forma aun siguen reinando en la tierra, aún nos acechan de forma más invisible que antes pero aún lo hacen, pero han hecho nuevos aliados: el empresariado, la especulación y el mercado.

Dictadores de lo cotidiano.

Papá me dice que soy un inútil, el chofer me dice que valide el pasaje, el profesor que no llegare a ser nadie, Papá me dice que soy maricon porque no como carne, el nazi punk del eurocentro me pedirá una monea`, la mamá de la Dani me dirá que estoy desnutrido, el paco me dirá que mi deber cívico es andar con el carnét, Papá me dice que soy un vago que vaya a buscar trabajo, el piter me dirá guau, el Pato que el talento es subjetivo, Papá me dice que no ande metido en weas que no me ira a buscar a la comisaría, la Magda que la vaya a ver a viña, Papá me dice que soy un hijit@ de mamá,
Mamà me dice que habla puras weas, la Clara me dirá que con sol o lluvia conmigo es feliz, Papá me dice que me las arregle solito pa salir de cuarto medio, Papá dice no lo escucho, se equivoca; lo escucho solo que me entra por una oreja y me sale por la otra.

Como cada mañana.

Una vez más la sofocante alarma de mi despertador, asesina a mis sueños por la espalda, soy devuelto de golpe a la pálida rutina. 
Creo mi desayuno de lo primero que pillo; tomate, marraqueta y té. Me someto al espectáculo de las noticias que gentil y sádicamente me ofrece el televisor. Los cadáveres se sientan en mi mesa, sus asesinos desayunan a mi lado, junto a violadores y pungas desnutridos que luchan por las migas del Piter, en medio de un receso de paz comercializada aparecen los insignes políticos que a cambio de mi puesto me ofrecen un trozo de pan, mi habitual desconfianza se los niega antes de poder pensar en una respuesta, micros atraviesan mi comedor con un rebaño que a punta de mordidas y patadas disputan un puesto dentro de aquel carruaje.
Mi desayuno termina de consumirse en mi boca por lo que apago el televisor en aquel instante mis fúnebres invitados desaparecen. Tomo mí mochila y salgo a la calle, en ese instante una fría bofetada me sacude, espantando ya las últimas ganas de dormir que me quedaban.

Calladita no más

Calladita, que viene el cuco.
Calladita, que esta entrando.
Calladita, que viene pasao` a trago.
Calladita, hazte la dormida.
Calladita, que entro a la pieza.
Calladita, no le llevi` la contra.
Calladita, que te estrangula.
Calladita, que los gritos tras la tumba no se escuchan.

A mi madre

Mamá, no esperes que tenga una vida plena,
que haga una familia,
 que tenga un trabajo estable.
No esperes de mi nada,
ni siquiera te atrevas a esperarme,
que yo nací para arder.

Credo

Padre nuestro que estas en los cielos,

Te fuiste tan lejos solo para que no pueda

Escupirte a la cara.