jueves, 11 de agosto de 2011

Por shururu


Hace ya, miles de años, cuando el ser humano ya dejaba de vivir para comenzar a sobrevivir, cuando las bandas se transformaron en sociedades y las cavernas en las rucas que hoy son edificios, entonces existió un grupo de humanos que resistió al cambio. Advirtieron al resto lo que iba a suceder, pero a ellos les parecía fantástico y aún hoy en día se aferran a la civilización, obligándose a si mismos a creer que son felices. Tienen miedo.

Una noche, mientras todos descansaban, el fuego abrazó sus rucas. Era la banda, decidida a acabar con la semilla de la miseria. Todos se levantaron, la primera reacción: castigar a los culpables. La banda fue linchada y exiliada. No necesitaron hombres uniformados, los policías se gestaban en sus propias mentes.Horas más tarde, la unión que los hizo capaces de expulsar a la banda se deshacía, ahora peleaban por los objetos que no habían sucumbido en el incendio. Ya habían olvidado los tiempos en que todo era de todos. Así siguió creciendo la civilización, como la gran farsa de una alianza, llena de discursos que hablaban de cooperación del uno por el otro, pero con el empeño individual de aplastar al resto.


La banda, mientras tanto, planea venganza. A pesar de que ya es suficiente con la miseria en que vive la sociedad, la banda decidió destruir la civilización y en sus mentes no existe la palabra claudicar. Hoy viven en los bosques y se confunden entre los monos,son felices, son salvajes, pero no olvidan. Por las noches, vuelven a la ciudad, rompen lo que encuentren a su paso, pintan de color el asfalto con sus símbolos, hacen estallar las construcciones y amedrentan a quienes sostienen con esmero la farsa, la miseria, la civilización.

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