Los uniformes son en realidad bastante cómodos, carecen de todo instinto por lo tanto de toda cualidad que los haga reaccionar de forma impredecible (la mejor correa es un reglamento).
Quienes los portan no tienen ojos, salvo para perseguir, y su corazón se arranca de raíz para que cada tarea se cumpla sin duda ni cuestionar.
Solo tienen oídos, para percibir órdenes y lo que los hace tan atractivos es que se adaptan a cualquier cuerpo que haya perdido su voluntad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario