jueves, 11 de agosto de 2011

Mocos, mi padre y mi primer corazón roto.


Con los ojos brillosos, y una voz que se troncaba cada vez que intentaba vomitar una palabra, le pedí un consejo a quien creía que sabia de estas cosas, más que nada el ya llevaba más de cuarenta años en este infierno que llaman mundo (y que lxs más cinicxs llaman “hogar”).

Mi padre solo me dijo (ni siquiera mirándome a los ojos):
-Sácate esos mocos weón, que los hombres no lloran, no seaí mariconcito.
Aun lo recuerdo.
Fueron las únicas palabras de “apoyo” frente a mi primer corazón roto.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario