No vivía entre ellos, pese a sus diferencias (esas que consistían en el pelo del cuerpo, lo fuerte de los colmillos, y el largo de sus garras) era un hermano más dentro de la jauría. Innumerables veces habían aullado a la luna, pese a los golpes que sádicamente le ofrecía a menudo la vida, aún conservaban esa exquisita esencia salvaje y pese a todo sonreia.Además de compartir miradas cómplices, el frió de la noche, y uno que otro pedazo de comida (que por lo demás casi siempre se los entregaba a cambio de una mirada de esas pupilas negras, que en vez de acusarlo, lo acariciaban), también recibían las mismas miradas de desprecios de aquellos que las estrellas no les cuida el sueño, de más esta decir que no compartían los mismos conceptos de aquellas tan manoseadas palabras: moral, dignidad, libertad, hogar…
Si los pudieran haber matado a patadas o palos de seguro lo habrían hecho, más de uno lo intento, sin embargo todos terminaban corriendo como niños frente a ladridos, mordiscos y uno que otro grito barbárico. Solo por una cuestión de suerte no habían muerto envenenados.
El tiempo pasa y muestra de esto, no solo era una piel arrugada además de maltratada, y una cabellera blanca invadida por canas. Ya estas alturas tampoco su paciencia era la misma de hace unos años atrás, a menudo se le escuchaba refunfuñar a toda hora e inclusive durante el sueño, pese a esto los caninos no podían despegarse de su cuerpo(ni tampoco deseaban dormir lejos del calor que les regalaba el cuerpo de su amigo).
El invierno del año 2003, fue uno de los más fríos, de esos en los cuales la escarcha se levanta más temprano que el gallo, y donde abraza al pavimento, la maleza, a los autos…todo queda cubierto por una fina capa de hielo.
Una de esas noches de julio no fue victima de ninguna patada, no recibió ningún insulto, ni siquiera una mirada. Cobijado entre los cuerpos de sus hermanos no pudo burlar al frió. Su cuerpo estaba a punto de sucumbir frente a la muerte, un suspiro que vació sus pulmones añejos y un pequeño pero sincero guiño a un quiltro, fueron sus últimos actos.
Al día siguiente los noticieros mostraban el cuerpo congelado de un hombre, mientras que las autoridades montaban un circo acerca de la responsabilidad de una sociedad.
Para la sociedad entre cartones, una caja de vino, quiltros garrapatientos y una fría acera, había dejado de existir, un indeseable, una escoria, solo un mendigo.
Para los perros que lo acompañaban había muerto un amigo, un hermano.
La manada se encontraba coja .Esa noche la jauría se reunió para aullar a la luna no por placer, ni instinto solo para saludar a un hermano que había volado hacia la eternidad.
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