lunes, 25 de julio de 2011

En primera persona





Nuevamente me veo aquí, un cuarto, un puñal el, odio y en frente de mi alguien a quien mi delirio me aconseja descuartizar.

Yo no quería esto. En verdad no lo quería. Hoy es la consecuencia del tiempo ignorado, de los gritos que se ocultaron tras los estruendos del televisor, de las sombras que la luz del espectáculo supo desviar (pero que hizo mas fuerte).

(…)

Se que no esta cómodo, Sus ojos me han intentado invitar a desatarlo, pero mi odio, me seduce a una pieza de baile cargada de frenesí que no puedo negar. Se que sus muñecas atadas le provocan dolor, muestra de esto es el hilo de sangre que desciende a través de sus manos, hasta terminar en un tenue pero continuo goteo de sangre, cuyo charco se asimila a la forma de una frutilla.

Atado a la silla no se puede mover, solo sus ojos me guiñan, la tela en su boca le impide invocar ayuda o rebajar su orgullo para pedir clemencia.

(…)

Fumo un cigarrillo que lentamente me mata. La muerte. Una vez mas ella y yo en un mismo cuarto, compartiendo las mismas cuatro paredes, nuevamente cómplices en una escena teatral que de seguro Dios y la sociedad acusaran de barbarie.

Termino el cigarrillo que aun arde, miro hacia el techo que me brinda la imagen de una ampolleta, y unas telarañas, mientras que apago el cilindro cancerigeno en mi piel. El olor a carne quemada. Marcado como un vaca, como a mercancía, sabiendo que la muerte esta cerca. Sabiendo que la suerte esta echada. Hoy no moriré, no ser victima, hoy seré victimario. Hoy no moriré.

(…)

Su boca seca y sus pantalones mojados. Cada vez que el acero del puñal destella, de sus ojos brota una lágrima. Le quito la venda suavemente, y me percato que sus dientes tiemblan. Hoy es un cobarde, ya no se viste como un gallo de pelea, toda su arrogancia quedo en el traje de fiscal, que quedo perfectamente planchado sobre su cama.

(…)

-¿Por qué? Susurro con su voz seca.

-¿Por qué? Acaso queda alguna duda de las amarras de tus muñecas.

Le dije con cara de extrañado.

Enciendo otro cigarrillo, la primera bocanada del humo quise compartirla, pero no quería compartir el cigarro… No transaremos saliva... Por lo que solo vomite el humo sobre su pálido rostro.

Fumo y prosigo con nuestra tensionada conversación.

-Estas aquí porque me condenaste ya hace mucho tiempo atrás, de seguro no me reconoces para ti es cotidiano destrozar las vidas de otros. Tu el fiscal, yo el acusado, una simple verborrea me hizo perder diez años de mi vida.

Entre mocos y lágrimas, solo me dijo:
-perdón, perdón, solo hacia mi trabajo, ¿lo entiendes?

-Tu trabajo es el brazo vengativo de la sociedad.

Una pausa para tragar mi saliva con nicotina y sigo hablando.

- Las personas hoy son cobardes, dejan en manos de instituciones impuestas sus decisiones. Olvidaron que son animales, con instintos. La venganza de las personas se institucionalizo en templos que se apoyan en la dominación y en libros… leyes las llaman.

Una bocanada del cigarro enciende mi garganta. Ya su rostro pide clemencia, se entrega hacia la resignación ¿como alguien se resigna a la muerte? Sus dientes siguen temblando.

-pero hoy no quiero que mi odio y mi sed de venganza se institucionalicen en un ritual de tribunal. Es mas quiero ver arder todos los tribunales. No quiero que la violencia que pueda desatar se concentre en un policía. Hoy mis manos serán libres para hacer fluir mis instintos.

Me interrumpe entre lágrimas.

-por favor, tengo una familia… te puedo pagar, el dinero no es un problema para mi.

Mi puño choca con su cara, cortando esas palabras que me repugnaban. Ahora su bípeda lengua se ahoga en sangre.

-Me das asco. Le digo.-No todo es por dinero, la vida no se puede traducir en pedazos de metal, tarjetas plásticas o papeles de colores. Tu buen ciudadano ya has sido moldeado, no hay nada que hacer…

(…)

Cojo el puñal, mientras las venas de su cuello me invitan a abrirlas…

El destello del frío metal, es la sonrisa de la muerte…

(…)

Su garganta esta abierta, la sangre se desborda como un río en invierno tras las lluvias, la sangre llena de fuerza, llena de vida mientras que la muerte, ya se desvanece.

Su blanca camisa se tiñe del mismo color de la sangre que se derrama en el ovalo de la penitenciaria.

Es igual que otros que encerró.

Hoy mi venganza no es fruto de la acción de un tribunal, la abrazo. Con el puñal ensangrentado, en la otra un cigarrillo que se desvanece, que nuevamente se apaga en mi piel, mientras que el olor a piel quemada, se mezcla con el de la sangre y un cuerpo que poco a poco comienza a pudrirse.




No hay comentarios:

Publicar un comentario