
Algunos pueblos de la antigüedad despedían a sus hermanos muertos, mediante la quema de sus cuerpos en enormes fogatas. Era una forma en la cual se pretendía que su esencia se reencontrara con sus ancestros y que nunca más volviera a su cuerpo calcinado.
Quiero que mi cuerpo se envuelva en llamas, que mi sangre hierba y se evapore poco a poco, mi cuerpo, mis cicatrices, mis tatuajes reducidos a cenizas. El fuego, siempre presente en momentos donde la revuelta devoraba la calle, como cómplice entre barricadas y capuchas, quiero que me vea arder. Espero que mis cenizas nunca se confinen en una urna, en un frió asco de un precio elevado, no quiero inercia… Quiero que mis cenizas bailen con el polen llevadas por el viento, quiero que descansen en el pelaje del puma clandestino de los disparos de los ganaderos…
Quiero que mi cuerpo se envuelva en llamas, que mi sangre hierba y se evapore poco a poco, mi cuerpo, mis cicatrices, mis tatuajes reducidos a cenizas. El fuego, siempre presente en momentos donde la revuelta devoraba la calle, como cómplice entre barricadas y capuchas, quiero que me vea arder. Espero que mis cenizas nunca se confinen en una urna, en un frió asco de un precio elevado, no quiero inercia… Quiero que mis cenizas bailen con el polen llevadas por el viento, quiero que descansen en el pelaje del puma clandestino de los disparos de los ganaderos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario