Para aquellos que mueren degollados,
No se levantan monumentos,
Para los que sucumben en jaulas,
No se realizan homenajes,
Para los despellejados vivos,
No se realizan desfiles en su nombre.
Para todos quienes murieron abrazados a una trampa,
No hay banderas a media asta,
Para los cuales que su carne acogió a las balas
Que su cabeza este colgada en una pared, será su galardón
El Leviatán de la civilización,
Hizo de cada animal muerto un mártir
El testimonio del arrebato de la belleza indómita.
Mártires de una guerra silenciosa.
Cada animal destrozado
En su fauces de acero y hormigón,
es una declaración de guerra
hacia la naturaleza salvaje.
Esa que no se encuentra en los parajes
De las agencias de viajes.
Aquellas tierras caóticas,
Que nos aterran.
Abrazar la ira que se incuban
Las madrigueras del bosque.
Entonar el cántico de guerra que
Se corea en los nidos de las copas de los árboles.
Hoy nos armamos del irreducible amor
A nuestros hermanos de pluma y pelaje.
La guerra ha sido desatada.
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