Hoy los monstruos que se ocultaban en los armarios, cambiaron de rubro. Quedaron desempleados frente a los monstruos de la modernidad. Monstruos sin personalidad ni espíritu, bestias sin carisma. Hoy los monstruos, ya no tienen un ojo, no están cubiertos de pelos, menos aun tienen cuernos ni escupen fuego. Los monstruos contemporáneos al tiempo de los computadores y alimentos creados en laboratorios, portan cascos y escudos, lumas y armas de fuego al cinto, monstruos de fauces de acero y las balas como credo, hoy son enemigos aburridos, tan aburridos que portan uniformes.
Hoy los monstruos no se esconden bajo las camas a la caza de nuestros sueños, ni en los armarios. Hoy se atrincheran en cuarteles y comisarías a la espera de su turno de salir de cazería.
Ahora no asustan, matan simplemente. Ahora no ríen en la oscuridad por placer, hoy su risa es producto del gozo de torturar.
Hoy los monstruos se volvieron trágicos (y lo peor de todo aburridos).
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