Todo comenzó con un simple suspiro. Las calles abarrotadas de cuerpos inertes a punto de explotar. Fue casi como un acto coreográfico, las cabezas se alzaron y miraron el cielo, que los edificios ocultaban. Casi de inmediato, hombres y mujeres se abrazaron besaron, se quitaban el alma a punta de mordiscos en la boca. Otros bailaron entre los autos, saltando sobre ellos, la negra sonrisa de dibujaba en quienes se negaban a sumarse al corolario de la vida. Vicuña mackena se había convertido en la avenida en la cual se gestaba un carnaval que no conocería de horario, carnaval con perfume de feromonas adolescentes alborotadas.
Los policías y militares se atrincheran en sus comisarías y cuarteles, empuñando las armas y el miedo, mientras que afuera bandas de niños salvajes esperan el instante en el cual ya no les queden mas balas, para ver sus uniformes arder con ellos dentro.
La avenida Matta, ya no será para siempre la misma, familias enteras se entregan a la tarea de arrancar el cemento, llevar el compost, airear la tierra para crear el huerto mas grande de la ciudad que ya esas alturas se empezaba a derrumbar a pedazos. Ayer el cemento ahorcaba a la tierra, hoy esta recoge la semilla y almácigos que le devolverán la vida.
Pilotos rebeldes estrellan sus aviones en contra de la casa de gobierno. La Moneda hoy no es bombardeada por uniformes, hoy es por los pájaros portadores de la rabia.
En las oficinas de los mas exitosos hombres de negocios, hoy se puede encontrar sus cadáveres ahorcados con sus corbatas de quinientos mil pesos.
Los curas se intoxican con la sangre de su salvador, derrumban los ídolos de yeso y abren las puertas de su templo para que parejas de adolescentes, amantes, amores clandestinos puedan disfrutar de sus templos. Los religiosos niegan a su Dios, y rasgan sus sotanas, y hacen de la desnudez su nuevo hábito.
Los sectores del Barrio Bellavista y el cerro San Cristóbal, son territorio liberado, ningún simio que no tenga cubierto de pelos el cuerpo, se aventura a entrar . Las jaulas del zoológico se encuentran rotas, los prisioneros de garras y pico, se rebelaron y dieron muerte a sus cuidadores con sus propias fauces. Acechan en cada lugar. Los cóndores por fin pudieron desplegar sus alas y volar hasta su arcaico paraíso en la cordillera. Monos y primates de todos los tamaños forman enormes quilombos en las copas de los árboles. Manadas de lobos, se coquetean con jaurías de perros callejeros, juntos forman madrigueras en Bellavista, atacan y devoran a todo traunsente arrogante que interna en sus nuevos dominios.
En el paseo Ahumada, no hay nngun segundo de silencio, a cada instante se rompe una vitrina o vidrio que protegía la mercancía por la cual miles de persona arrendaban sus vidas. El nivel de coordinación ha llegado al extremo de que los insurrectos, forman grandes orchestas con el sonido de los cristales rotos.
Las torres de transmisión han sido derrumbadas, las fuerzas del orden que no se han sumado al carnaval, se encuentran desconcertadas, no entienden como los rebeldes se comunican. Quizás la respuesta se encuentren en cada vez que alzan la cabeza y miran hacia el cielo, ven enormes señales de humo.
Los mataderos de la ciudad son incendiados de uno en uno, cuando cae el sol, por bandas delictivas de niños, jóvenes, adultos y ancianos veganos, quienes entran con bidones repletos de bencina, fósforos, mechas y cizallas y salen con animales en sus brazos. Por las mañanas, pasan horas jugando con ellos en algún bozque, para luego verlos desaparecer en la inmensidad de un bozque.
Al atardecer todos los bancos de la ciudad son asaltados, en ninguno de los atracos se realiza ni la menor resistencia,. El dinero conseguido, se apilo en frente de las entidades bancarias, se les prendió fuego y frente a esas fogatas bailamos toda la noche.
El barrio alto de la capital, es tomado por asalto durante la noche, por bandas de generaciones enmascaradas, que supieron desayunar miedo, almorzar rabia, y cenar desesperanza. Las caravanas entran en cada casa, tirando la puerta por los aires, desordenan, cambian de lugar cada cosa, mientras entonan las canciones de huelga de los mineros del carbón. Luego del huracán humano, sus lujosos sillones aparecen en los jardines arruinándose con los rociadores, los inodoros se colocan en los lava platos, sus costosas camas son tiradas sobre los rosales, que el jardinero nunca mas cuidara. El huracán humano, no se lleva nada, dentro de sus intenciones nunca se encontró el robo, la idea es hacerles sentir la fragilidad de su mundo (que se muere de a poco). En las paredes se escriben consignas poéticas prohibidas durante siglos, consignas poéticas guardadas en las lenguas de las serpientes. O se tatúan frases en la paredes del estilo de “mañana volveremos” o “hasta los perros, vivirán mejores que ustedes”.
A la mañana siguiente, los ayer “dueños del mundo”, abandonaron sus propiedades sin rumbo fijo. Algunos cuentan haber encontrado los cadáveres en familia a lo largo de la mesa, envenenados con caviar y langosta, otros dicen haber visto como se ocultaron en una iglesia y ellos mismos les prendieron fuego, cuentan como familias enteras se asesinaron entre si, otros mas optimistas advierten que terminaron uniéndose a alguna caravana.
Piratas del asfalto, suben a los mas altos edificios de la ya decadente ciudad. Arriba despliegan enormes lienzos, para hacer nuevos mapas tomando en cuenta el bailar de las estrellas.
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