Te hicieron desconfiar de tu piel,
te hicieron creer en el pecado,
te empujaron a temer,
porque ellos temían.
Crecimos, nos caímos, sangramos,
pero los golpes que más nos dolieron
fueron en el corazón.
Que hoy no te vengan a albergar
debajo de una cruz.
Yo no cargo ninguna.
Somos las victimas de su corolario.
Ya no luchamos con nuestros demonios.
Aprendimos a escucharlos.
Ellos fueron quienes se comieron a su rebaño
y encerraron a sus palomas.
Nosotros por nuestra parte,
emborrachamos a la vida,
y la invitamos a bailar con
nuestras manos entre sus piernas
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