Y aquí en el ocaso de los ídolos,
Fabricados en serie con yeso y cadáver.
Reclamo como necesidad intrínseca
La facultad y la acción poética,
De cortar el cuello de todos aquellos
Quienes nos usurparon la ternura
Y a cambio nos dejaron los puestos de trabajo.
Con el pecho a tajo abierto,
Nos declaramos como ajenos a la comedia del orden.
Y como amantes de la tragedia.
Cuando los palpitos de nuestros corazones nos reclaman,
De negar nuestra sangre,
Desplegamos banderas de un color tan oscuro,
Como los gatos negros que nos truncan el sueño,
Con aquellos maullidos que le regalan música a las estrellas.
Emprendiendo travesías sin rumbo fijo,
Haciendo de la curiosidad una amenaza.
Si osamos a negar la existencia de la eternidad,
Y de sus jaurías reclutadas con policías celestiales,
Si nos rehusamos a cumplir sus veredictos divinos,
Pese a las amenazas que florecen en sus ojos.
No es por un primaveral capricho juvenil.
Solo es que aun seguimos siendo niños,
No hemos olvidado las contraseñas para deshilachar
La realidad que nos miente.
Más que compañeros de guerra,
buscamos compañeros de juegos.
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